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Invierno en El Bocal

Escrito por Maldito Insolente. Posted in El dedo de Dios

Hay un lugar al lado de Tudela que me llama especialmente la atención, se llama El Bocal. Es un lugar que siempre me ha gustado para vivir. Antes tenía merenderos, alquilaban caballos, paseos en barca,... hoy nada, es una pena. En vez de acondicionar un lugar como este, el ayuntamiento se dedica arreglar calles que no lo necesitan para quitar aparcamientos y después sacarse una pasta en multas.

Dejemos a José A. Perales que nos cuente cosas de este sitio.

En el municipio de Fontellas, a siete kilómetros de Tudela, se encuentran las presas del Bocal. Aquí nace el canal Imperial, que riega los campos de la cuenca media del Ebro y abastece de agua a la ciudad de Zaragoza.

El Bocal de Fontellas fue un sueño convertido en realidad. Esta magna obra de ingeniería se remonta al siglo XVI, cuando el rey Carlos I mandó construir una gran acequia para poner en riego las áridas tierras del valle del Ebro a su paso por Navarra y Aragón. La idea inicial pretendía juntar el Ebro con el Jalón en término de Alagón (provincia de Zaragoza) y desde allí llegar hasta la capital aragonesa. Pero aquel proyecto se quedó a medias, y la acequia Imperial -como se llamó aquel primer canal- apenas llegó a regar los términos navarros de Ribaforada, Buñuel y Cortes, extendiendo débilmente sus aguas hasta la localidad maña de Garrapinillos.

A pesar del recorte del proyecto, aquella fue ya una obra digna de admiración. Los principales elementos de aquel complejo hidrológico fueron la presa vieja y el palacio de Carlos V, que tienen ya 500 años, y son hoy la parte más antigua del recinto. Por debajo de este palacio reformado en el siglo XIX cruzaban antiguamente las aguas que iban desde el Ebro hasta la Acequia Imperial. Posteriormente, las compuertas del Bocal del Rey- como se llamó originariamente el palacio- fueron cerradas, y en su lugar se planteó el jardín que adorna hoy esta construcción señorial de estilo navarro aragonés.

Las imágenes

Autor de todas las fotografías: Gonzalo Obes

La obra de Pignatelli

Dos siglos después de construirse el primer Bocal, Ramón Pignatelli, canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana de Zaragoza, retomó el viejo proyecto de llevar el agua hasta la capital aragonesa, y con el aval del rey Carlos III, logró culminar la obra soñada.

Para ello, se construyeron un poco más arriba una nueva presa y una enorme casa de compuertas, capaces de impulsar el agua por el canal hasta más abajo de Zaragoza.

En total, el canal imperial tiene un recorrido de 108 kilómetros, que van desde el Bocal del Ebro en Fontellas hasta el barranco de Zaragoza, situado entre los términos de El Burgo y Fuentes de Ebro.

Concluido en 1790, el canal imperial proporcionó agua de abastecimiento industrial y urbano a los pueblos de la cuenca media del Ebro, propiciando además el desarrollo de la zona gracias a la introducción de nuevos cultivos.

Uno de los principales servicios del canal imperial fue y sigue siendo el abastecimiento de agua potable a la ciudad de Zaragoza. A su llegada a la capital aragonesa, el cauce se encontraba con las esclusas de San Carlos y con el Molino de la Casa Blanca, que dio lugar al barrio del mismo nombre. Cerca de este último mandó construir Pignatelli la llamada «fuente de los Incrédulos», desde la que se hizo correr el agua a finales del XVIII por las calles para demostrar la culminación del proyecto.

La península del Bocal

Hasta hace pocos años, la mayor parte del personal encargado del mantenimiento del Canal Imperial residía en el barrio del Bocal, que ha sido siempre el centro neurálgico de esta gran obra de ingeniería inspirada en el Renacimiento y la Ilustración.

Físicamente, este barrio es una península en forma de hoz, rodeada de agua por todas las partes menos por una. Aunque pertenece administrativamente al municipio de Fontellas, todo lo que hay aquí (instalaciones y viviendas) es propiedad de la Confederación Hidrográfica del Ebro. «Hace unos años hemos llegado a vivir en el Bocal más de treinta familias, pero hoy no quedamos más que dos», dice el antiguo encargado del Bocal Jesús Remón Agramonte

Además del palacio de Carlos V y de la casa de Compuertas con sus respectivas presas, el barrio del Bocal comprende también los jardines, y el poblado donde residían los trabajadores.

En este último -fraccionado hoy en tres zonas (compuertas, capilla y poblado)-, se encuentran las oficinas de la Confederación y las viviendas de los empleados. Antiguamente, había aquí también escuelas, frontón y una posada, donde se alojaban las personas que venían de paso.

Viajes en barca

Según dice el alcalde de Fontellas, Andres Agorreta, la posada del Bocal fue antiguamente punto de partida o de destino de los viajeros que utilizaban el canal imperial para ir a Zaragoza, o a los distintos pueblos del trayecto. Y es que, además de proporcionar agua de riego o de boca, el canal fue también un importante medio de comunicación entre los pueblos de Aragón y Navarra.

«Había gente de Zaragoza que venía hasta aquí en barca, y luego cogía la diligencia hasta Tudela, o viceversa», dice el alcalde de Fontellas.

«Yo he conocido también transportar remolacha, trigo, cemento y grava, a través del canal», añade el antiguo encargado Jesús Remón. «Sin embargo, el transporte regular de personas se acabó mucho antes, cuando empezaron a existir trenes y autobuses que cubrían aquel servicio».

A sus 75 años, Jesús lleva más de quince años jubilado. Pero conserva mejor que nadie la memoria de lo que ha sido el Bocal. "Yo entré aquí de pinche, para llevar el botijo a los obreros. Luego, me hice jardinero, y con el tiempo pasé a ser encargado general de todo esto", dice. En total, de aquí a Zaragoza, yo tenía a mi cargo a más de cien personas. Muchos de ellos vivían en el barrio del Bocal, pero otros residían en los pueblos del recorrido. También fui alcalde de barrio, y organizaba la fiestas (traía las orquestas, las vaquillas, etc.) que se celebraban aquí por San Borromeu, el patrón del Bocal.

Antes de jubilarse, Jesús y su mujer se encargaban también de cuidar el Palacio de Carlos V y de mantenerlo en perfecto estado de revista para cuando se producía alguna visita oficial. Hoy se ocupa de esta tarea una sobrina.

«Por aquí han pasado todos los presidentes de la Confederación Hidrográfica del Ebro. También consejeros del Gobierno de Navarra, ministros de Obras públicas y otras personalidades del mundo de la política. Una vez estuvo Franco. Entonces yo era un crío, pero como mi padre trabajaba aquí vinimos a verlo.

Un roble monumental

El Bocal es un rincón bonito a orillas del Ebro. Ha sido también un reflejo de la cultura fluvial de la Ribera y un símbolo del desarrollo conjunto experimentado a partir del siglo XVIII por esta comarca navarro aragonesa articulada por el «padre Ebro».

Según dice Jesús, hasta hace unos pocos años numerosas personas de Tudela y su comarca acudían los fines de semana a dar una vuela los jardines del Bocal y admirar de paso el viejo roble de 33 metros de altura, que según dicen fue plantado aquí, cuando se iniciaron las obras de la acequia imperial hace ya más de 500 años. Cuando Jesús era todavía el encargado, y su mujer trabajaba en el palacio, numerosas personas del entorno se casaban todavía sin problemas en la capilla del Bocal y se hacían las fotos en los hermosos jardines del entorno. Hoy, con la competencia de otros lugares públicos más comerciales, el Bocal ha quedado reducido a un lugar de pesca, o de visita ocasional de familias de la zona o de grupos de nostálgicos, que conocen de verdad lo que ha sido este lugar. Algunos pasan a almorzar o a comer por el Mesón del Roble después de disfrutar de un paseo por las presas y sus alrededores.

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¿Alguien no reconoce la belleza del norte de España?,, Pa mí, eso solo lo puede negar un terco que nunca ha estado allí y como ya sabéis en este mundo hay gente pa todo,, Se me h
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