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Harold Eugene Edgerton

Escrito por Patricia. Posted in Fotografía ultrarrápida

Uno de los ejemplos más claros de que en ocasiones la línea entre ciencia y arte es muy difusa es el de Harold Eugene Edgerton (1903-1990).

Este ingeniero eléctrico inventó en 1926, siendo todavía un estudiante, un tubo de flash de gran potencia lumínica capaz de actuar en 1/1.000.000 de segundos. Este dispositivo, convenientemente actualizado, se sigue usando hoy en día como estreboscopio para realizar ráfagas de luz aplicables a la fotografía.

Con él, Harold Edgerton investigó durante décadas captando imágenes sorprendentes y que, sobre todo en su momento, permitieron comprender muy bien ciertos fenómenos físicos. Lo más llamativo es que muchas de estas fotografías tienen una innegable belleza plástica lo que las sitúa a medio camino entre lo experimental y lo creativo.

WebSite: Harold "Doc" Edgerton

Fuente del texto: Creha

Las imágenes de Harold Eugene Edgerton

Harold Eugene Edgerton y su luz estroboscopica

La concurrencia que el 19 de diciembre de 1937 se reunió en el Bushnell Memorial de Massachusetts para asistir a una demostración realizada por Harold Edgerton, quedó perpleja al contemplar unas imágenes que, de impensables, parecían pura ciencia ficción. Al día siguiente, el rotativo The Hartford Courier daba cuenta de aquel acto señalando con certeza que las 2.000 personas que allí se congregaron "gracias a una cámara de alta velocidad y a una pequeña luz estroboscópica se situaron fuera del tiempo".

Aquella noche, el ingeniero Harold E. Edgerton divulgaba sus últimos y complejos experimentos: unas fotografías que permitían vislumbrar lo que ocurría en determinados fenómenos que, a pesar de su cercanía, no eran ni siquiera sospechados. Qué sucedía en el momento del impacto de un palo de golf sobre la bola o los fenómenos físicos que desencadena una gota de líquido al caer eran algunos de ellos.

La rapidez de los obturadores mecánicos, esa parte de la cámara fotográfica que se abre durante un intervalo de tiempo para que la luz impresione la película situada justo detrás suyo, es algo que la industria consiguió relativamente temprano, lográndose congelar la carrera de un bólido lanzado a toda velocidad o el momento en que un atleta, al dar un salto, quedaba colgando en el aire. Pero aquello no era suficiente. Las poco sensibles emulsiones de la época y la fuente de luz -natural por lo general- impedían obtener resultados más avanzados.

La visión es el fruto de una evolución de milenios, mediante la cual fue transformándose hasta convertirse en la herramienta gracias a la cual sobrevivió nuestra especie. Nuestros ojos han servido a lo largo de la Historia de la Humanidad para descubrir a las presas que han sido nuestro sustento, para detectar a los predadores, enemigos y rivales y para comprender el mundo.

Traducido a términos técnicos, no es sino la capacidad que posee el ojo humano para registrar hasta diez imágenes por segundo. Esto es debido a que esa cámara fotográfica que es nuestra retina precisa un tiempo para recibir y transmitir al cerebro dichas imágenes. Un movimiento más rápido de esa cadencia no puede ser retenido y la información que llega al cerebro es parcial, siendo interpretada como una mancha más o menos borrosa. La imagen difusa del batir de las alas de un insecto, capaz de superar un ritmo de 100 veces por segundo o la imposibilidad de ver los radios de una bicicleta en marcha son ejemplos de la limitada capacidad del ojo. Tanto en el mundo de la naturaleza como en el creado por el hombre, muchas cosas van demasiado deprisa. Hasta el hallazgo de Edgerton se intuía lo que pasaba, pero no podía verse. Su descubrimiento permitió ver lo invisible.

Este ingeniero, que desarrolló su trabajo en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, siguió la senda de algunos precursores como el inglés William Fox Talbot (el primero en usar un destello de luz para impresionar la película) o el norteamericano Edward James Muggeridge (famoso por su serie de animales a la carrera). Éstos, en vez de obstinarse en el desarrollo de obturadores más rápidos, se concentraron en lo verdaderamente transcendental de la fotografía: la luz.

La teoría resulta sencilla: lograr un destello tan breve que comenzase y se detuviera casi al mismo tiempo. Para ello había que reducir su duración a una millonésima de segundo. Edgerton desarrolló una batería de unidades de flashes electrónicos capaces de conseguir tales prestaciones. Con ello logró desvelar unos sucesos y mecanismos que habían permanecido escondidos al ojo del hombre.

La brevedad de los destellos de aquellos complejos flashes sincronizados eléctricamente era tal, que el más rápido sujeto quedaba literalmente congelado, fuera del tiempo. Mientras, el obturador permanecía abierto. Al no haber ninguna otra fuente de luz, la película no se impresionaba. Una vez producido el destello luminoso, el obturador se cerraba, quedando registrado sólo lo sucedido en el brevísimo espacio de tiempo en que hubo luz.

Edgerton descubrió la denominada fotografía estroboscópica sometiendo al sujeto fotografiado a repetidos e intensos destellos de cortísima duración e impresionando las imágenes en una misma placa fotográfica.

Capturar el preciso instante en que la bota del jugador de rugby deforma el balón, o el momento en que el bate de béisbol aplasta la bola fue sencillo con el equipo desarrollado por Edgerton. En realidad, parar movimientos que se producen en una banda de entre 1/10.000 y 1/50.000 de segundo es un juego de niños para lámparas de flash capaces de producir destellos de hasta 10 billonésimas de segundo. Hablamos de otra dimensión, aquélla capaz de desvelar las complejas reacciones que se producen preciso momento en el que se desencadena una explosión nuclear.

Los descubrimientos de Edgerton encontraron enseguida muy variadas aplicaciones. Gracias a la luz estroboscópica se lograron importantes descubrimientos sobre el comportamiento de diversas especies (insectos, aves y mamíferos como murciélagos).

Como habría de esperar, también se encontraron utilidades bélicas, siendo transcendental una aplicación del trabajo de Edgerton en las fotografías aéreas previas que determinaron el desembarco de Normandía.

Las aplicaciones de estas técnicas al mundo del deporte resultan ilimitadas. Tanto el estudio del movimiento de los atletas en busca de su perfección, como el del comportamiento de los materiales empleados, tienen en ellas un ayudante privilegiado.

Instrumento inestimable para la ciencia y la tecnología, la fotografía ultrarrápida va mucho más allá al aunar técnica y creatividad. Se ha dicho muchas veces que no pocas de las fotografías más bellas no muestran objetos, sino que retratan el tiempo de una manera que el ser humano es incapaz de registrar. Ello es en gran parte posible gracias al trabajo de Edgerton, el hombre que supo parar el tiempo

Fuente del texto: Imagina la imagen

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