Erase una vez Epecuén

el . Publicado en El dedo de Dios

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Una inundación en 1985 dejó a esta villa turística cubierta por un lago cuya salinidad se compara con el Mar Muerto. Hoy la sequía la hizo resurgir.

El Lago Epecuén se encuentra al oeste de la Provincia de Buenos Aires, en el distrito de Adolfo Alsina, Argentina, a 520 km. de la Capital Federal.

En la actualidad, la ciudad de Carhué, a sus orillas, cuenta con una población de más de 10.000 habitantes y está unida al país por la Ruta Nacional Nº 33 (Rosario - Bahía Blanca) y la Ruta Provincial Nº 60 (Buenos Aires - La Pampa).

Historia de la Villa Epecuén

La Villa turística de Epecuén se fundó en los primeros años del siglo XX para albergar a los turistas que se acercaban cada vez en mayor medida, interesados en las propiedades terapéuticas de las aguas del Lago Epecuén. La salinidad de sus aguas atraían a todo tipo de turistas, en especial a los mayores, quienes confiaban en el agua salada para calmar los dolores corporales.

Sus aguas altamente mineralizadas, aseguran los visitantes, calmaban dolores causados por enfermedades como la artritis, artrosis, psoriasis y diversas enfermedades de la piel.

La inundación de Epecuén en 1985

En los años 70, el Lago Epecuén presentaba el problema de la falta de agua. Se realizan una serie de obras hidráulicas para lograr llevar el agua de lagunas cercanas (pertenecientes al grupo que se denominan Las Encadenadas) con el fin de no perder el interés turístico de los balnearios de Epecuén, que para este entonces eran conocidos a nivel nacional.

La Villa se encontraba en pleno auge y esplendor, con hoteles de alta categoría que albergaban hasta 25.000 visitantes al año.

El 10 de noviembre de 1985, un muro de contención de agua cede, y el agua comienza a apoderarse de todo lo que encuentra a su alrededor, incluida la Villa. Sólo pasaron 15 días, y la Villa Epecuén estaba bajo dos metros de agua salada. La evacuación fue inmediata e incompleta. Muchas de las edificaciones quedaron con todo el mobiliario dentro y sus habitantes sin nada.

La situación se intensificó y un par de años después el pueblo tenía más de 5 metros de agua. El pico máximo ocurrió en 1993 cuando en ciertos sectores del sumergido pueblo se midieron más de 10 metros.

La sequía en la región hizo reflotar la Villa

La poca cantidad de lluvias registradas en todo el Sudoeste de la provincia de Buenos Aires durante los últimos 5 años, han llevado a la cota de las lagunas de la región a sus mínimos históricos. El Lago Epecuén no es la excepción.

El panorama que dejó al descubierto el retroceso de las aguas es inhóspito. Lentamente las ruinas de la Villa fueron quedando al desnudo cubiertas por una capa de sal que las vuelve sorprendentemente conservadas. Los árboles siguen de pie, como petrificados. Las calles quedan perfectamente delimitadas por los mismos.

Las construcciones de mejor calidad han mantenido su porte, mientras que las más débiles sucumbieron ante la presión del agua. Sorprenden entre los derrumbes los marcos de las puertas de madera erguidos, resistiendo a la debacle.

El turismo vuelve a Epecuén

En la actualidad, el municipio de la ciudad de Carhué, está impulsando un plan de revalorización de las ruinas de la Villa, para informar a los turistas de esta inesperada atracción. Desde el centro de la ciudad se encuentran los carteles indicadores que muestran el recorrido hasta la ciudad en ruinas. Unos 12 km de caminos de tierra conducen al visitante hacia el paisaje desolador.

Al llegar a la estación de trenes de Villa Epecuén (el único edificio de la villa al que no llegó el agua), un camino cercado por viejos eucaliptus lo dejan en la ciudad devastada.

A diferencias de otras ruinas, la salinidad del lago, ha generado en este lugar un paisaje único. Los árboles siguen erguidos, los escombros, las calles y todo lo que quedó en pie cubierto por un manto blanco de sal que refleja los rayos solares, lo hacen un destino absolutamente surrealista.

Algunos de los principales puntos que aún se pueden distinguir son: El matadero de la ciudad, realizado por el arquitecto Francisco Salamone, El parque del Castillo que marcaba el acceso al pueblo, la Avenida de Mayo, la casona "La Sarucha", entre otros.

Fuente del texto: Juan Ignacio Zaffora

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